Ejercicios Espirituales

La experiencia de unos ejercicios espirituales es tan rica y tan variada, que pueden ser muchas las maneras de hacerlos y presentarlos. Habrá que tener siempre en cuenta la capacidad, la necesidad y las disposiciones de la persona que los hace. Aquí hay unas cuantas sugerencias que en la mayoría de los casos pueden a ayudar a hacerlos bien y con provecho.

Al entrar en ejercicios, hay que caer en la cuenta, desde el comienzo, que la actividad principal durante ellos es la oración en sus diversas formas. Siendo así, en ejercicios el mayor tiempo hay que dedicarlo a ella y a su preparación, más que a otras actividades, como seria leer algunos libros, o escuchar largas exposiciones sobre las verdades de nuestra fe o los misterios de Xto. (EE 2)

Con este fin, hay que poner gran empeño en guardar el ambiente o atmósfera de oración, y poner todos los medios para conseguirlo. Es la razón principal por la que se recomienda guardar silencio durante toda la experiencia de ejercicios. Como disposición básica para buscar y hallar la voluntad de Dios, que es lo que primeramente se busca, es muy conducente entrar con ánimo y liberalidad (EE5)

Si se hacen con seriedad los ejercicios, requieren siempre un gran trabajo personal y mucha constancia en la manera de llevar el ritmo de las diversas actividades. Es muy conveniente que cuando se hacen los ejercicios individualmente, se fije un programa o distribución del tiempo que se guarde con fidelidad, sobre todo en lo que se refiere a los tiempos de oración. Algo que tener en cuenta de un modo especial cuando tal vez se sienta cierta falta de devoción, o incluso desolación o falta de ánimo.

Veamos algunos detalles sobre cada una de las actividades principales de estos días de ejercicios:

La oración en ejercicios. En la oración siempre es Dios quien tiene la iniciativa, y en su bondad está dispuesto a ayudarnos para que nos comuniquemos con él, pero quiere que pongamos de nuestra parte todo el esfuerzo y colaboración posibles. La oración, pues, hay que prepararla, conviene fijar un programa, señalar los temas sobre los que se va a orar y a reflexionar. Si se hacen los ejercicios con un director, este es por lo general quien va sugiriendo los temas. Muchas son las formas de orar (meditación, contemplación, etc.), y la que cada uno haya de seguir dependerá de la ayuda de Dios y de la experiencia que se tenga. Los mismos ejercicios son siempre una escuela de oración y cuanto más esta se practique, mas se aprende. La oración tiene su pedagogía y su evolución, y es un tema sobre el que se puede leer algo. En la mayoría de los casos puede ayudar mucho, para entrar en oración el tener en cuenta los preámbulos que señala San Ignacio en su libro:

  1. Antes de comenzar la oración recogerse unos momentos y hacer un acto de fe, que nos recuerde la presencia de Dios;
  2. Reflexionar un instante sobre lo que se va a hacer, con quien se va a hablar;
  3. Tráigase a la memoria el tema sobre el que se va a hacer oración, releyendo si es preciso el texto de la escritura que puede servir de base;
  4. Si se considera una ayuda, se puede hacer uso de la imaginación con una representación del pasaje que se medita o las circunstancias del mismo, lo cual puede hacer más fácil el recogimiento y la concentración de espíritu;
  5. Ofrézcanse desde el comienzo todas las actividades de la oración a Dios y pídasele su ayuda, es un acto de humildad siempre agradable a Dios;
  6. Si la oración va dirigida a un fin concreto, como seria por ejemplo, sentir dolor por los pecados propios, conviene pedir desde el comienzo la gracia que se desea conseguir.

Esta preparación inmediata para la oración, en realidad no pide mucho tiempo y con un poco de práctica se hace sin demasiada reflexión y naturalidad, entrando suavemente en la oración propiamente dicha, que es abrir el corazón para que nos penetre la palabra divina, nos hable Dios al corazón, y con el corazón y el afecto le hablemos a él. Este trato íntimo con Dios se refleja de un modo especial en lo que llamamos “coloquios” que se hacen propiamente hablando. Conviene tener en cuenta, que aun cuando en cualquier sitio se puede hablar con Dios, pero en una oración más recogida, -como la que se puede esperar durante unos ejercicios espirituales- el lugar y las circunstancias externas deben ser tales que de todas formas la favorezcan. El pasear, por ejemplo, puede ser más o menos apto para reflexionar, pero no lo es para el tiempo que se dedique a la oración propiamente dicha. Durante los ejercicios conviene seguir un programa de las diversas actividades; cabria pues, preguntarse cuanto tiempo conviene dedicar cada día a la oración. El dialogo con el director puede ayudar a fijarlo. Para una pedagogía en la oración es de gran utilidad reflexionar y examinarse sobre la experiencia misma de oración. Ver si se han puesto los medios, reflexionar sobre el proceso de la misma, las negligencias que haya podido haber; tratar de discernir las mociones del espíritu, dar gracias, etc. Esta reflexión sobre la oración es una ayuda y una preparación para el dialogo con el acompañante, ya que el tema principal del mismo son las mociones del espíritu durante la oración del día.

Dirección espiritual. Nos referimos aquí al trato con el acompañante de ejercicios durante los mismos. Desde luego es de desear tener esta ayuda, la de una persona que nos acompañe en el camino espiritual. Es conveniente dedicar todos los días algún tiempo fijo a esta entrevista. El dialogo suele comenzar con la propia presentación y las disposiciones que se tienen al comenzar ejercicios. Durante los mismos, el tema ordinario son las mociones del espíritu durante la oración y durante el día, las dificultades encontradas, las luchas o sentimientos que se han tenido, etc. La experiencia del director puede ayudar a mejor discernir los propios sentimientos. Si se desea una verdadera ayuda espiritual, es necesario tener plena confianza con el acompañante y abrirse con él en todo lo referente a la vida del espíritu y que tenga relación con el presente. Téngase en cuenta que el papel del acompañante no es ir adelante del ejercitante. No es la persona que va a resolver sus problemas, sino una ayuda, un testigo en el discernimiento espiritual, que le anime a enfrentarse mejor con los problemas propios, los cuales uno mismo tiene que resolver siempre.

Lecturas en tiempos de ejercicios. Entre las actividades espirituales dentro de los ejercicios, está el hacer algunas lecturas espirituales. Ese ejercicio no es la tarea principal del ejercitante, y por lo tanto debe mirarse como mero complemento o reposo conveniente. Esta lectura debe ir dirigida como una ayuda para reflexionar sobre nuestra vida espiritual, más que como medio de adquirir nuevos conocimientos especulativos, mas a la praxis que a la teoría. en general que hable más al corazón que a la mente.

Revisión de vida. Para facilitar la integración de la vida de fe, renovada en ejercicios, con la experiencia humana, es muy útil dedicar un tiempo a lo que llamamos revisión de vida: un examen de nuestra vida toda a la luz de las nuevas gracias recibidas, de las exigencias del evangelio, mejor conocido y sentido en los ejercicios. Para facilitar esta revisión se puede señalar para cada día algún aspecto particular de nuestra experiencia religiosa: nuestra vida de oración, nuestras relaciones interpersonales ante las exigencias de la caridad, nuestras responsabilidades en la vida de familia o en la vida religiosa con sus votos.

Apuntes espirituales. Pueden ser útiles para concretar y resumir el fruto de cada una de las meditaciones o del día. Deben ser estrictamente personales, esto es, escribirse para provecho propio. Pueden ayudar a renovar o repetir más tarde las experiencias que se han tenido durante ejercicios. Desde luego no se trata de hacer literatura ni de preparar el material para nuestro futuro apostolado.

Examen al fin del día. Es conveniente al terminar el día y dentro tal vez de las oraciones de la noche, hacer un breve examen de cómo ha transcurrido el día, para recordar las gracias recibidas y agradecerlas, ver las negligencias tenidas y corregirlas y con todo ello ir disponiéndose mejor para los días que queden de ejercicios. El contenido del examen podría recaer sobre estos puntos:

  1. Que actividades he tenido; si están relacionadas con el momento de los ejercicios y el tema del día.
  2. Cómo las he hecho: si con diligencia y descuido, poniendo o no los medios para hacerlas bien;
  3. Cual ha sido la calidad del recogimiento interior, en nuestros pensamientos o afectos;
  4. Con que animo espiritual o físico nos encontramos, y que medios se pueden poner para mejorarlos.
  5. El examen se concluye con una breve oración de agradecimiento.

El ritmo de los ejercicios. No es fácil decir en general cuantos días de ejercicios serán los convenientes para cada semana. Dependerá de su experiencia, de su necesidad y preparación. En realidad hay que fijar de antemano los días que se van a dedicar a ellos. Lo que si hay que tener en cuenta es: no tener ansia por ir adelante, por ir de prisa, por avanzar algunos temas, por saber lo que va a venir. Antes al contrario, conviene poner énfasis en hacer bien las cosas y sentir internamente lo que se está meditando y haciendo.

 

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